TINTERO:OPINIÓN “Esto es lo Que Pienso”

LA HISTORIA DETRÁS DEL ESPECTÁCULO DE MEDIO TIEMPO DEL SUPER BOWL LX

El 8 de febrero de 2026, Bad Bunny —nombre real Benito Antonio Martínez Ocasio— encabezó el show de medio tiempo del Super Bowl LX en Santa Clara, California. Más que un concierto, su actuación se convirtió en un fenómeno cultural seguido por millones alrededor del mundo, cargado de simbolismos y mensajes de identidad latina. El artista presentó un espectáculo mayoritariamente en español, acompañado de una escenografía que evocaba una “casita puertorriqueña” y escenas cotidianas de la vida latinoamericana, lo que muchos interpretaron como un gesto de afirmación cultural dentro del evento más visto de la televisión estadounidense y mundial.

A lo largo de los minutos del show, Bad Bunny mezcló ritmos urbanos con elementos visuales de gran impacto: bailarines con banderas de distintos países del continente americano, invitados como Lady Gaga y Ricky Martin, y mensajes proyectados que subrayaban el valor de la unidad en la diversidad.

Más que música: símbolos y narrativas políticas

Aunque el espectáculo se centró en la celebración y el gozo de la comunidad latina, no puede desvincularse del contexto político en el que se produjo, por varias razones clave:

  1. El idioma como declaración simbólica

La elección de un repertorio casi enteramente en español en un evento tradicionalmente dominado por artistas que cantan en inglés fue vista por muchos analistas como un gesto político inherente. El hecho de que una artista hispanohablante ocupara el escenario más emblemático de la cultura popular estadounidense —frente a más de 100 millones de televidentes— trajo un debate global sobre identidad, inclusión y representación cultural.

  1. Reacciones encontradas en Estados Unidos

El anuncio de Bad Bunny fue objeto de críticas fuertes desde sectores conservadores. Antes y después del evento, figuras públicas como el expresidente Donald Trump calificaron negativamente la actuación, describiéndola como “absolutamente terrible” y “una afrenta a los valores estadounidenses”, en parte porque era mayoritariamente en español y considerado por ellos como un giro político más que artístico.

Esta postura se tradujo incluso en eventos alternativos de entretenimiento organizados por grupos afines a Trump, subrayando la polarización que rodeó la elección de Bad Bunny.

  1. Identidad latina y proyección internacional

Para muchas comunidades latinas dentro y fuera de los Estados Unidos, el show fue un momento de orgullo colectivo, celebrado en especial en Puerto Rico, donde millones de personas detuvieron su día para seguir el espectáculo con entusiasmo. El evento fue interpretado como la confirmación de que la cultura latina —sus lenguas, ritmos y narrativas— ya no es periférica, sino central en la escena global.

El Super Bowl como escenario geopolítico

Más allá de lo cultural, la participación de Bad Bunny señala un cambio en cómo los grandes eventos de entretenimiento pueden convertirse en plataformas geopolíticas inadvertidas:

NFL y estrategia global

La NFL ha buscado en los últimos años ampliar su audiencia internacional. El Super Bowl ya no es solo un fenómeno estadounidense: sus patrocinadores y organizadores quieren que sea un producto global. Elegir a una figura con enorme tirón en América Latina forma parte de esa estrategia para consolidar el valor del torneo más allá de las fronteras deportivas y culturales de Estados Unidos.

Narrativas de inclusión vs. culturas dominantes

El show también obligó a confrontar tensiones dentro del debate público: ¿es un espectáculo apolítico o un acto que subraya la pluralidad del continente americano —más allá de los Estados Unidos? Aunque Bad Bunny evitó expresamente discursos políticos directos durante el medio tiempo, su escenario, idioma y estética hablan de un reconocimiento de la diversidad que desafía narrativas tradicionales dominantes en la cultura popular estadounidense.

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