EDITORIAL: REVOCACIÓN O REAFIRMACIÓN

La revocación de mandato es una figura de democracia directa o participativa que faculta a los ciudadanos para destituir, mediante voto popular, a un funcionario o representante electo, antes de que concluya su período constitucional.

Es un mecanismo de control sobre quienes ejercen el poder y debiera ser invocado sólo de manera excepcional, cuando ese ejercicio fuese de tal manera negativo que se precisara ponerle fin.

En la actualidad, después del rechazo del Congreso a una profunda reforma constitucional en materia electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum, la mandataria envió otra iniciativa menos profunda (Plan B), que posibilita convocar en 2027 a la revocación del mandato, lo cual no aceptan el PT -aliado de Morena- ni la oposición. Consideran que la coincidencia del proceso revocatorio con la elección legislativa restaría votos a la mayoría de los partidos, en beneficio de Morena.
Quisiera proponer dos puntos de reflexión:
1)   En 2022, la revocación del mandato de Andrés Manuel López Obrador fue promovida desde organizaciones y grupos afines al lopezobradorismo, que consideraron el proceso, explícitamente o no, como una ratificación de AMLO. No hubo una votación masiva, pues sólo participó poco más del 17% del electorado. La consulta puede entenderse como una forma de estrenar la figura, pero ante la gran popularidad del mandatario, era claro lo ocioso que resultaba preguntar si se deseaba que concluyera su sexenio o no.
2)   De la misma manera, de cara a la gran aceptación actual de Sheinbaum, también resulta ociosa una consulta sobre si debe continuar o no en la Presidencia. Pareciera, entonces, que la intención del morenismo -como alega la oposición- es, efectivamente, involucrar a la Presidenta en el proceso electoral para ganar votos. Sin embargo, tanto Morena como la oposición tienen una percepción errónea de la supuesta influencia del proceso revocatorio sobre el electorado.
No alcanzo a entender cómo la participación de Sheinbaum en la consulta sobre revocación de mandato puede comunicar (¿sería por ósmosis política?) ventaja a las candidaturas morenistas.
Tal narrativa deriva de una subestimación para el electorado. Como si éste fuera el dócil rebaño de otros tiempos al que se le podía manipular o inducir. No es así, una gran parte del electorado analiza y decide a veces incluso con cierta sofisticación. Es muy probable que ya desde ahora sepa por quién votará en 2027 por estar satisfecho con los gobiernos morenistas o por detestarlos. Es risible suponer que condicionará su sufragio a si la Presidenta está o no en una boleta.
Mientras la clase política y algunos comentaristas vociferan sobre la revocación de la discordia, a la casi totalidad del electorado le tiene sin cuidado si se hace en 2027, 2028 o nunca.
¿Por qué el desinterés? La respuesta puede inferirse del resultado de la encuesta mensual de QM Estudios de Opinión, en alianza con Heraldo Media Group: 70% respalda la gestión de Claudia Sheinbaum.

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