La presión ya no es diplomática, es política y personal. En Palacio Nacional crece el temor a que Donald Trump cruce una nueva línea y lleve su confrontación con México a un terreno explosivo: exigir la detención de políticos de Morena.
Según The Wall Street Journal, las recientes amenazas del expresidente estadounidense y el arresto del venezolano Nicolás Maduro encendieron las alertas en el círculo más cercano de Claudia Sheinbaum. El resultado: reuniones privadas de alto nivel, lejos de los reflectores, para analizar lo que funcionarios mexicanos califican sin rodeos como “demandas insostenibles”.
La más delicada de ellas no tiene precedentes recientes: entregar a figuras políticas del partido gobernante, señaladas desde Washington por presuntos vínculos con el narcotráfico. Una exigencia que, de concretarse, no solo sacudiría la relación bilateral, sino que fracturaría el tablero político interno.
Aunque las fuentes descartan por ahora una acción militar unilateral de Estados Unidos, el riesgo es otro: el chantaje político. El diario estadounidense describe a Sheinbaum atrapada entre dos fuerzas de alto voltaje: Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador, su mentor y figura dominante del movimiento que hoy gobierna.
El escenario es explosivo. Detenciones de políticos de Morena podrían debilitar gravemente a la presidenta y desatar la furia del partido que la llevó al poder. Y en Washington lo saben.
No es la primera vez que México cede ante la presión. El año pasado, recuerda el diario, la tensión se desactivó con la entrega de 55 narcotraficantes a Estados Unidos. Pero hoy el costo parece mucho más alto: ya no se trata de criminales, sino de poder político.
La inquietud llegó al punto máximo tras la detención de Maduro. Antes de la conferencia matutina, Sheinbaum convocó a una reunión urgente con funcionarios y la cúpula militar. Leyó un borrador de su mensaje. Algunos lo vieron sólido. Otros, especialmente quienes tienen contacto con la seguridad estadounidense, se quedaron fríos: temen que cualquier palabra mal calculada detone la ira de Trump.
El dilema es brutal: ceder y romper su base política, o resistir y escalar el conflicto con Washington. En ese filo camina hoy Claudia Sheinbaum, con el reloj corriendo y Trump observando.
Porque esta vez, el mensaje desde el norte parece claro: no quieren cooperación, quieren sacrificios.

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