DEVASTACIÓN A LA VISTA
Cuando un gobierno se estrena en el poder, es frecuente escuchar la frase “hay que darle el beneficio de la duda”. Se trata de una iniciativa noble y bien intencionada que, sin embargo, sólo refleja la ingenuidad política de los mexicanos, así como la necesidad de tener líderes que nos respondan, a quienes podamos seguir y en quienes podamos confiar.
Sobre todo si estamos en los albores de un gobierno inédito, presidido por una mujer y, además, una mujer de ciencia, esperamos que se restituya la confianza en alguien que sólo debería defender las verdades cuando éstas son producto de la evidencia y de los hechos, y no de los deseos o las corazonadas. Nuestra confianza era que, a pesar de formar parte del plan morenista, su racionalidad y su espíritu crítico le permitieran rectificar algunas decisiones tomadas durante la presidencia de AMLO, cuyos efectos no pueden ser más que desdichados. Y habiendo pasado unas pocas semanas desde la llegada de Claudia Sheinbaum al Palacio Nacional, es triste reconocer que seguimos en picada.
¿Cuánto más podremos caer? Pareciera que este barranco no tiene fondo.
¿Habrá manera de frenar ese descenso, tan vertiginoso? Al parecer, sí. Y no es tan complicado – si el gobierno tiene la voluntad política de rectificar el rumbo -.
El Premio Nóbel de Economía ha reconocido este año el trabajo de Daron Acemoglu y Simon Johnson. Durante décadas, ambos profesores – investigadores han explorado el papel que juegan las instituciones democráticas de los estados en el desarrollo y la prosperidad de los pueblos. Al examinar las diferencias entre los países más prósperos y los menos prósperos, encontraron dos puntos de observación interesantes. En primer lugar, el aspecto histórico: los países cuyos territorios contaban con poblaciones organizadas y fuertes a la llegada de los “colonizadores” europeos, dadas las condiciones de abuso y sometimiento que impusieron a los pueblos originarios, así como la falta de derechos políticos para ellos, tienen mayor desigualdad en la concentración de la riqueza. México es uno de esos países; los aztecas y los demás pueblos que ocupaban nuestra tierra, contaban con una organización política propia y gozaban de mayor prosperidad y mejores condiciones de vida que las que tenemos hoy en día. En segundo lugar, la institucionalidad y la democracia: los países con gobiernos autoritarios, en los que se han demolido las instituciones garantes y se ha atentado contra la separación de los poderes del estado, ven su prosperidad reducirse rápidamente, a niveles aún inferiores a los estimadores más bajos de su historia. De nuevo, México, desde el ascenso al poder de Morena, con López Obrador, vivió un desmantelamiento de las instituciones democráticas y presenció atentados grotescos en contra de las que aún prevalecen.
Lamentablemente, Sheinbaum parece hacerse de la vista gorda ante lo que los galardonados, ambos científicos, ambos académicos y ambos respetables, han producido. México reúne ambos “atributos” para no prosperar; sin embargo, y puesto que no podemos cambiar la manera en la que los territorios fueron invadidos y conquistados, el gobierno actual podría, si quiere, rescatar las instituciones democráticas para garantizar que los mexicanos nos encaminemos, de nuevo, hacia una situación más confortable.
Si quiere, insistimos, porque el balón está en su cancha. O se rescata nuestra estructura y nuestra estabilidad democrática, o la devastación de nuestro país está a la vista.
¡Esto es lo que pienso!

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