TINTERO:OPINIÓN PALOMA ARRIETA

SI SE LO HACEN A LA PRESIDENTA, ¿QUÉ NOS ESPERA A LAS DEMÁS?

El reciente episodio en el que la presidenta Claudia Sheinbaum fue víctima de acoso sexual mientras caminaba por el Centro Histórico de la Ciudad de México no solo sacudió las redes sociales y los noticiarios nacionales, sino que también abrió una conversación profunda sobre la vulnerabilidad institucional, las
fallas de seguridad y la distancia entre el discurso y la realidad que viven las
mujeres mexicanas.
El agresor fue detenido y la presidenta presentó una denuncia penal. Pero la escena grabada y difundida ampliamente muestra una falla en los protocolos más básicos de protección, justo cuando el país vive una de las etapas más críticas en materia
de violencia de género y seguridad pública.
“Si esto le hacen a la presidenta, ¿qué va a pasar con todas las mujeres en el
país?”, dijo Sheinbaum ante los medios.
Sin embargo, la pregunta que muchas mujeres nos hacemos es otra:
¿Qué va a hacer realmente su gobierno para cambiarlo?
Seguridad expuesta y un gobierno que improvisa
Los hechos, documentados por El País (2025), El Universal (2025) y El Economista
(2025), confirman que el agresor fue detenido y que la presidenta interpuso una denuncia.
Aun así, el incidente revela una falla grave del cuerpo de seguridad presidencial, conformado por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Ayudantía Presidencial.
El hombre logró acercarse lo suficiente para abrazar y besar a la mandataria en la mejilla, sin que ninguno de los elementos a su alrededor interviniera de
inmediato. Un error que, según analistas en materia de seguridad consultados por los medios citados, “nunca debió ocurrir”.
Esta situación evidencia que la decisión de Claudia Sheinbaum de mantener una
imagen de “cercanía con el pueblo”, prescindiendo del esquema del extinto Estado Mayor Presidencial, ha generado vulnerabilidades reales en materia de seguridad. La cercanía no debe estar reñida con la protección, especialmente cuando se trata de quien encabeza el Estado mexicano.
¿Falla o simulación?El incidente también desató un debate:
¿Fallaron los encargados de cuidar a la presidenta o estamos ante una
simulación mediática?
Algunos sectores sostienen que el evento pudo haber sido aprovechado para generar empatía o desviar la atención de otros temas críticos. Sin embargo, no existen pruebas que indiquen una simulación, y la Fiscalía capitalina confirmó que el presunto agresor fue presentado ante el Ministerio Público.
Aun así, la duda permanece. Si fue una falla, se trata de un error de Estado que
pone en riesgo la seguridad presidencial. Y si se utiliza políticamente, entonces se refuerza la desconfianza social hacia un gobierno que asegura defender a las mujeres, pero protege a agresores dentro de sus filas.
En cualquiera de los dos escenarios, la conclusión es la misma:
México sigue siendo un país peligroso para las mujeres, incluso en los espacios más vigilados.
Violencia e impunidad: las cifras que duelen Mientras el país debatía sobre el acoso a la presidenta, las cifras de violencia contra las mujeres continúan siendo alarmantes.
De acuerdo con el INEGI (2024), más del 70 % de las mujeres mayores de 15
años ha sufrido algún tipo de violencia, y 15.5 % ha sido víctima de acoso sexual, tocamientos o intento de violación.
Entre octubre de 2024 y enero de 2025, se registraron más de 1,000 feminicidios y homicidios dolosos de mujeres, lo que equivale a unas 8 mujeres asesinadas cada día.
Pese a los anuncios oficiales sobre una reducción del 25 % en homicidios
generales, la impunidad en casos de feminicidio y desapariciones sigue siendo la norma.
La presidenta ha reiterado su compromiso con la “cero impunidad”, pero los hechos muestran otra cara: su administración y los gobiernos aliados siguen protegiendo a figuras señaladas por acoso o abuso sexual, como el exfutbolista y actual
diputado federal Cuauhtémoc Blanco, quien enfrenta acusaciones por agresión sexual y corrupción documentadas por Proceso (2025), sin que existan sanciones políticas o judiciales en su contra.
«Feminicidio no es lo mismo que homicidio»
El feminicidio no puede seguir siendo clasificado como homicidio doloso.
La diferencia es estructural y política.
Cuando una mujer es asesinada por razones de género con violencia sexual o antecedentes de amenazas, el mensaje es claro: se castiga su condición de mujer, su libertad y su derecho a existir.Por eso, mientras una presidenta denuncia haber sido víctima de acoso, miles de mujeres continúan desaparecidas, violentadas y asesinadas sin justicia ni
seguimiento real.
El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ocurrido días antes del
incidente con la presidenta, también pone en evidencia la fragilidad institucional.
Si ni la jefa del Estado ni las autoridades locales están seguras, ¿qué esperanza
queda para la ciudadanía común, especialmente para las mujeres?
El caso Sheinbaum debería marcar un antes y un después en la política mexicana.
Más allá del discurso, lo que las mujeres exigimos es congruencia, empatía y
acción. No queremos más condenas públicas ni videos virales; queremos
protocolos sólidos, investigaciones reales y castigos ejemplares.
Y sobre todo, queremos coherencia:
un gobierno que no defienda a agresores sexuales dentro de sus filas, ni los encubra por conveniencia política.
Porque si una mujer con todo el poder, rodeada por el cuerpo de seguridad más preparado del país, puede ser violentada así,
entonces, con toda razón, las demás seguimos preguntándonos:
¿Quién nos protege a nosotras?

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