TINTERO:OPINIÓN Paloma Arrieta

ENTRE LA CULTURA Y EL SHOW POLÍTICA

En Zacatecas, la política ha comenzado a mezclarse peligrosamente con el espectáculo. A medida que se acercan los tiempos electorales, ya es evidente: las alianzas se tejen, las
lealtades se acomodan y, como cada ciclo, las tradiciones más arraigadas de nuestra identidad se convierten en escenario de promoción política.
Basta observar lo que ocurre en municipios como Jerez. Celebraciones profundamente significativas como la Semana Santa o el Sábado de Gloria han dejado de ser, en muchos
casos, espacios de encuentro espiritual y cultural para transformarse en vitrinas donde actores políticos buscan posicionarse. No es casualidad que este fenómeno se intensifique justo un año antes de las elecciones. Lo que debería vivirse con respeto y sentido
comunitario, termina reducido a una pasarela de aspiraciones.
Pero no solo ocurre ahí. Durante la Semana Cultural en Zacatecas también somos testigos de estos montajes cuidadosamente construidos: políticos que recorren eventos, se mezclan
entre la gente y protagonizan escenas de aparente humildad. Se les ve formándose en filas, asistiendo a conciertos como cualquier ciudadano o buscando la foto “espontánea” que
proyecte cercanía, sino actos cuidadosamente calculados para aparentar cercanía con la gente.
Y ahí es donde surge la incongruencia. Hoy vemos a políticos que intentan construir una narrativa de cercanía simulando humildad: formándose en filas para asistir a conciertos,
cargando colchones frente a las cámaras durante entregas de apoyo, o exagerando gestos que, lejos de reflejar trabajo real, parecen diseñados para la fotografía. La política no puede
ni debe ser un montaje.
Porque gobernar no es actuar. Servir no es posar.
La política exige mucho más que presencia en eventos o participación en tradiciones populares. Requiere una agenda seria, comprometida y enfocada en resolver los problemas
reales de la gente. Y en Zacatecas, esos problemas son urgentes.
Uno de los ejemplos más claros es la crisis que enfrentan los productores de frijol. Su reciente manifestación no solo fue legítima, fue necesaria. Estamos hablando de un sector que sostiene buena parte de la economía del estado y que hoy enfrenta condiciones
críticas: bajos precios, falta de apoyo efectivo y una evidente desconexión con las decisiones gubernamentales. Ignorar esta realidad mientras se invierte tiempo en espectáculos políticos es, sencillamente, irresponsable.
Pero no es el único tema. La inseguridad, la falta de oportunidades para los jóvenes, el abandono del campo, la migración forzada y el debilitamiento de los servicios básicos
siguen siendo asignaturas pendientes. Problemas que no se resuelven con discursos ni con apariciones estratégicas, sino con trabajo constante, decisiones firmes y políticas públicas bien diseñadas.
Zacatecas ya se cansó del “pan y circo”
. La ciudadanía es cada vez más consciente, más crítica y más exigente. Hoy observa con atención quién realmente trabaja y quién solo
actúa. Ya no basta con caer bien, ahora se exige dar resultados.Por eso, de cara a los próximos procesos electorales, el llamado es claro: necesitamos
soluciones, no farándula. Necesitamos perfiles preparados, con trayectoria, con propuestas reales y con un compromiso genuino con la gente. Los partidos políticos, sin importar su color o corriente, tienen una responsabilidad histórica: llevar a la boleta a las mejores
opciones para Zacatecas, no a los amigos, no a quienes negocian candidaturas, sino a quienes pueden responder a las necesidades del estado.
Porque entre la cultura y el espectáculo, Zacatecas merece respeto. Y entre la política y la simulación, Zacatecas exige resultados.

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