La Ciudad de México hizo historia al convertirse en la primera ciudad del mundo en inaugurar tres Copas del Mundo. Era una oportunidad única para mostrar al planeta una capital moderna, segura, próspera y capaz de recibir a millones de visitantes.
Lamentablemente, el arranque del Mundial 2026 quedará marcado no por el futbol, sino por las contradicciones de Morena.
Durante años, el gobierno federal y el gobierno capitalino prometieron una derrama económica histórica, una ciudad renovada y una fiesta que beneficiaría a todos. Sin embargo, los primeros días del torneo han exhibido una realidad mucho menos triunfalista.
La propia COPARMEX advirtió que la ocupación hotelera en la Ciudad de México se quedó por debajo de las expectativas generadas para el evento. Mientras las autoridades proyectaban derramas cercanas a los 60 mil millones de pesos, el sector empresarial comenzó a expresar preocupación por el bajo aprovechamiento económico y por la concentración de los beneficios en unas cuantas cadenas y corredores turísticos.
Incluso días antes de la inauguración, la ocupación hotelera reportada rondaba apenas el 57.7 por ciento, cifra superior al año anterior, sí, pero muy lejos del escenario extraordinario que el gobierno prometió durante años.
Pero el problema no es solamente económico.
Mientras el mundo observaba a México, las calles de la capital fueron escenario de protestas de la CNTE, madres buscadoras, transportistas, campesinos y familiares de desaparecidos que aprovecharon el escaparate mundial para recordar una realidad que el gobierno insiste en ocultar.
Resulta particularmente significativo que quienes ayudaron a construir el movimiento político que hoy gobierna México terminaran encontrándose con vallas, cercos y operativos de contención.
La CNTE, históricamente cercana a la izquierda gobernante, llegó al Mundial sin que se atendieran plenamente sus demandas. Las madres buscadoras, que llevan años exigiendo verdad y justicia frente a la tragedia de las desapariciones, también aprovecharon la atención internacional para denunciar la indiferencia institucional.
La respuesta gubernamental fue desplegar más de 55 mil elementos de seguridad para blindar la ciudad durante la inauguración.
Y sin embargo, la imagen que más llamó la atención no fue la de los manifestantes.
Fue la de las ausencias.
Ni la Presidenta de la República ni la Jefa de Gobierno acudieron al Estadio Ciudad de México para la inauguración del Mundial.
No estamos hablando de un partido cualquiera.
Se trata del evento deportivo más importante del planeta, observado por cientos de millones de personas, con presencia de representantes diplomáticos, organismos internacionales, patrocinadores globales y medios de comunicación de todo el mundo.
La propia FIFA reconoció el carácter histórico del inmueble y de la ceremonia inaugural. El Estadio Ciudad de México volvió a colocarse en el centro de la atención internacional como uno de los recintos más emblemáticos en la historia del futbol mundial.
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