Uno. Lo dijo José Ramiro López Obrador cuando le preguntaron sobre la cancelación de la visa estadounidense de su sobrino Andrés Manuel López Beltrán: “Esto es un asunto político, no tiene que ver con otro tema; al que quieren no es al chico, sino al grande”. Una fuente me cuenta que en Presidencia también hay quienes temen que persigan a AMLO y que le fabriquen un expediente, como ha ocurrido con otros expresidentes incómodos para Washington. Suponen que las agencias de inteligencia que dependen del Departamento de Estado no le perdonan al expresidente que les haya puesto un límite a su injerencia. Pero otros funcionarios, como con quien hablé, tienen una explicación más sencilla: cancelar visas a políticos y a sus familiares es, sobre todo, propaganda electoral. Con ella, Donald Trump no sólo busca recuperar popularidad para conservar la mayoría del Congreso y de los 39 estados que se disputarán el 3 de noviembre próximo; también pretende incidir en las votaciones mexicanas, al menos en las de 2027. Y esa propaganda, como toda la que produce el trumpismo, es y será usada por los opositores a la 4T para reforzar su relato del “narcogobierno”, quizá la única narrativa con la que cuentan para desafiar a Morena y a su fundador. Para la derecha no hay mejor manera de golpear a AMLO que hacerlo a través de su hijo.

A Trump sólo lo respalda el 35% de los estadounidenses pero, como pretende que su partido conserve el poder, no está dispuesto a perder terreno. Si bien la guerra contra Irán y su enfermiza relación con Israel han desgastado su imagen, que intervenga en diversos países de América Latina ha revivido la Doctrina Monroe entre sus bases. Milei, Bukele, Fujimori, Noboa, Paz, Kast y De la Espriella algo le deben a Trump. Ahora mismo, en Brasil, subsidia a Bolsonaro Junior. En Cuba ha echado a andar una suerte de genocidio a través del bloqueo. Y en México, la oposición le ruega que siga interviniendo porque cada medida de presión o golpe propagandista le sirve para minar a Morena.

Mi fuente no sabe si López Beltrán quedará como un mártir o villano. Da igual: cualquiera de los dos papeles le sirve a Trump para golpear a AMLO, y a la oposición mexicana le sirve para no explicar el proyecto de país del que carece.
Dos. La semana pasada la consejera jurídica, Luisa María Alcalde, dio a conocer listas con nombres de periodistas y cuentas en X que desaprueban el gobierno de Claudia Sheinbaum.
En mi lectura, Alcalde no mintió pero erró. En lugar de contener a sus críticos, les dio más visibilidad y los victimizó. A Presidencia no debería importarle lo que publica ese “ecosistema digital de amplificación artificial de tendencias”. Debería, en cambio, concentrarse en gobernar lo mejor posible: sacudirse a morenistas con antecedentes; desmontar su propio “ecosistema digital” que, como el de la derecha, ha sustituido el debate con el insulto, el ataque y el acoso; financiar a los medios públicos; fomentar la cultura porque la actual está tomada por la derecha; y saber comunicar, más allá de la conferencia mañanera. Porque ninguna lista sustituye a un gobierno que sabe explicarse.
Trump necesita villanos mexicanos para su público interno. La oposición necesita villanos en Palacio Nacional para no hablar de sus propios villanos. Y Alcalde, al enlistar a sus críticos, termina regalándoles el protagonismo que andaban buscando.

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